19 agosto 2017

De Chamonix al Mont Blanc

Un paseo tranquilo por los Alpes, desde Chamonix a la Aguja del Midi y Mont Blanc. Francia.





















Tafonis de marea. Pimiango. Asturias.


En los acantilados que rodean la Cueva del Pindal en Pimiango. Ribadedeva. Asturias, se observan unas cavidades del orden del metro de diámetro que hemos denominado “Tafonis de marea”.
No hemos encontrado ninguna referencia clara, con esta terminología, en la bibliografía consultada.
Creemos que estas cavidades más o menos circulares, además de por erosión química, simple disolución de la caliza, se han formado por haloclastía (rotura de la roca al cristalizar las sales en sus intersticios), sin descartar los procesos mecánicos del impacto del agua con aire a presión y partículas de arena que puede arrastrar. Pero la típica forma esférica, en una caliza tan homogénea como la de la formación Barcaliente del Carbonífero, creemos que es debida fundamentalmente a haloclastía.
Los bellos acantilados de Pimiango, tienen mucha razones para ser visitados.
Las calizas de Barcaliente, fracturadas, dejan islotes (castros) y pasillos abiertos al mar, todos tapizados por un encinar relicto de la era Terciaria, es decir, anterior a la glaciaciones. Prosperaron en un clima cálido y seco (mediterráneo), soportaron las fríos glaciares y el clima oceánico posterior y han llegado hasta nosotros, sobre cuetos y castros calizos, donde la permeabilidad del cars permite la supervivencia de la estoica encina.
El denso encinar se asienta sobre una rasa, plataforma de abrasión submarina, hoy elevada 50 m. sobre el nivel del mar. Su magnífico estado de conservación se debe a los vecinos de Pimiango, que usaban los taninos de la corteza para curar las pieles con las fabricaban los calzados, que después vendían en toda Asturias. El encinar era su vida.
La cueva del Pindal del Paleolítico magdaleniense, 18.000-13,000 años, está incluida desde el año 2008 en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco por el valor de sus pinturas rupestres entre las que destacan 13 bisontes, 8 caballos, ciervos y mamut.

Para un estudio más detallado del encinar, consultar:
http://miguelbueno.blogspot.com.es/…/arboricidio-programado…

Miguel Bueno
Pacanda, agosto 2017.










09 agosto 2017

Glaciar Mer de Glace. Chamonix. Francia. 1993-2017



Hace 24 años llegamos a  Chamonix desde Ginebra. La carretera recorría un amplio valle fluvioglaciar, donde el paisaje lo formaban  los prados de color verde claro de las granjas ganaderas, con el horizonte abierto a los Alpes de Chamonix.
Hoy, de ese paisaje no queda nada, todo el valle es un gran bosque repleto de naves industriales y de servicios, irreconocible a nuestros ojos.
Otro tanto nos ocurrió cuando subimos al Mer de Glace en su tren cremallera. El paisaje de montaña espléndido, pero apenas con unos pocos neveros. El Mar de Hielo, desaparecido. Aquel espectáculo de un mar blanco, no existe.  Muy abajo y al fondo quedan las morrenas que cubren el hielo fósil.
A mediados del XIX (pequeña edad del Hielo) el glaciar llegaba al fondo del valle de Chamonix.
En 1993, con un corto paseo desde la estación del ferrocarril podías  caminar sobre el propio glaciar. (Las dos fotografías con mis hijos, Mariangeles  y Enrique.
Ahora, en lugar de usar el telecabina para bajar al glaciar, dimos un paseo precioso por el bosque, siguiendo las marcas de los antiguos niveles alcanzados por el glaciar durante la pequeña edad del Hielo, en el siglo XIX.
Espectacular también los depósitos morrénicos elevados sobre el nivel glaciar actual y todo el valle del Mer de Glace a lo lejos.
El Epilobium angustifolium, laurel de San Antonio, frente a  la morrena lateral, en la orilla del glaciar.
Coincidimos con un grupo de brasileiros, que desde la Amazonía, se habían desplazado a los Alpes.
En otra toma, una muestra de los cristales de cuarzo ahumado por acción radiactiva del granito sobre los cristales de cuarzo transparentes (cristal de roca). En el pequeño museo de cristales, junto al bar de la estación.















24 julio 2017

PIEDRA. SAN ANTONIO 2017

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Los mozos del pueblo se reúnen el primer día de fiesta para ir al monte a cortar el falo más alto que  encuentren.
Con la ayuda de una yunta de bueyes se traslada al pueblo, para esa misma tarde, levantarlo en el prado junto a la ermita.
En un rito pagano, anterior a la noche de los tiempos, se fertiliza la tierra, clavando en ella el falo más grande. Claro, es una labor de los hombres, mientras las mujeres acompañan cantando al son de los panderos.

Al día siguiente, día grande, se procesiona el “ramo”, un trono de flores y panes con el que se quiere dar las gracias a la Tierra por los bienes recibidos.
Después asistimos al rito de la comunión, se reparte entre los vecinos las rosquillas que adornaban el ramo y se subasta los panes para sufragar parte del coste de la fiesta.
Los jóvenes danzan en la común alegría de la fiesta, luciendo los trajes llaniscos, que acaban de ser declarados patrimonio asturiano este mismo año.

Piedra