11 septiembre 2017

Origen del Olivar.

Acebuchinas, olivas y aceitunas. Origen del olivar

Aceitunas de Málaga (Foto: Miguel Bueno Jiménez)

Piedra (Miguel Bueno Jiménez)

Aunque en la red existen teorías peregrinas sobre el origen del cultivar del olivo o aceituno (Olea europaea), como el de ser un híbrido de tres especies de olea; para el que suscribe, el olivo se origina a partir del acebuche (Olea europaea var. sylvestris), lo que estaría en discusión sería el lugar de su aparición, si en el Medio Oriente, en el Mediterráneo occidental o en ambos.
Según trabajos recientes de Bervillé et atl. Origine et domestication de l´oliver, 2001, el olivo bien pudo aparecer en el occidente, independientemente de su cultivo oriental.
Lo que está comprobado es que hace 12.000 años, en la Cueva de Nerja (Málaga), se aprovechaban las acebuchinas, y en numerosos lugares neolíticos andaluces: Zuheros (Córdoba), Guadalteba (Málaga), Garcel (Almería), etc., (5.000 a. C.) aparecen los huesos del fruto del acebuche. No nos puede extrañar que en tantos años haya existido tiempo de mejorar el rendimiento del acebuche, al iniciarse su cultivo con la agricultura neolítica.
Ocurre lo mismo con el trigo y la cebada, que al ser tan numerosos los lugares neolíticos de la Península donde se documenta su cultivo, se pone en duda el origen foráneo de su domesticación.
Sí es cierto que la expansión del cultivo del olivo fuera del piso termomediterráneo, donde el acebuche es endémico, se hace en época romana. Y toda la exportación a Roma se realiza desde las orillas del Betis: Itálica, Astigi (Écija), Córdoba, y no desde la costa mediterránea, como demuestran las estampillas de las ánforas del Monte Testaccio («monte de los tiestos») en las afueras de Roma.
Es curioso destacar las etimologías de oliva y aceituna: oliva y óleo vienen de la raíz grecolatina oliva. Aceituna y aceite proceden de la raíz hebrea zait y árabe az zait. No es de extrañar que la Iglesia utilice los santos óleos y no el bendito aceite.
Esto nos subraya el origen mestizo del castellano, el único idioma latino que  utiliza el derivado de az zait para el jugo de la oliva. Lo mismo que en Granada se recolecta la alhucema y no el espliego, o conocemos el Patio de los Arrayanes y no el del Mirto, aunque el arrayán sea el Myrtus communis,  y tantos y tantos sinónimos de uso cotidiano que tienen orígenes distintos.
Termino con «almazara», en vez de «molino de aceite». No es cierto que se muela el
aceite, más bien, se muelen  las aceitunas.
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Acebuchinas  neolíticas (4100 años). Museo de la Prehistoria del Guadalteba (Málaga).
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Acebuche “ El Abuelo” con más de 800 años en El Rocío (Huelva). Monumento Natural junto a los 15 acebuches centenarios, restos del bosque autóctono de Doñana.
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Olivar serrano en la sierra de Camarolos. Málaga.
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Acebuche de La Canalona. Llanes. Asturias. Joya relicta de la era terciaria, cuando bajo un clima mediterráneo se desarrollaron encinares y acebuchales que sobrevivieron a las glaciaciones posteriores y al actual clima oceánico. Al fondo el llamativo castro Las Gaviotas.
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Olivar en Villanueva del Rosario (Málaga). 27/10/ 2012.

19 agosto 2017

De Chamonix al Mont Blanc

Un paseo tranquilo por los Alpes, desde Chamonix a la Aguja del Midi y Mont Blanc. Francia.





















Tafonis de marea. Pimiango. Asturias.


En los acantilados que rodean la Cueva del Pindal en Pimiango. Ribadedeva. Asturias, se observan unas cavidades del orden del metro de diámetro que hemos denominado “Tafonis de marea”.
No hemos encontrado ninguna referencia clara, con esta terminología, en la bibliografía consultada.
Creemos que estas cavidades más o menos circulares, además de por erosión química, simple disolución de la caliza, se han formado por haloclastía (rotura de la roca al cristalizar las sales en sus intersticios), sin descartar los procesos mecánicos del impacto del agua con aire a presión y partículas de arena que puede arrastrar. Pero la típica forma esférica, en una caliza tan homogénea como la de la formación Barcaliente del Carbonífero, creemos que es debida fundamentalmente a haloclastía.
Los bellos acantilados de Pimiango, tienen mucha razones para ser visitados.
Las calizas de Barcaliente, fracturadas, dejan islotes (castros) y pasillos abiertos al mar, todos tapizados por un encinar relicto de la era Terciaria, es decir, anterior a la glaciaciones. Prosperaron en un clima cálido y seco (mediterráneo), soportaron las fríos glaciares y el clima oceánico posterior y han llegado hasta nosotros, sobre cuetos y castros calizos, donde la permeabilidad del cars permite la supervivencia de la estoica encina.
El denso encinar se asienta sobre una rasa, plataforma de abrasión submarina, hoy elevada 50 m. sobre el nivel del mar. Su magnífico estado de conservación se debe a los vecinos de Pimiango, que usaban los taninos de la corteza para curar las pieles con las fabricaban los calzados, que después vendían en toda Asturias. El encinar era su vida.
La cueva del Pindal del Paleolítico magdaleniense, 18.000-13,000 años, está incluida desde el año 2008 en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco por el valor de sus pinturas rupestres entre las que destacan 13 bisontes, 8 caballos, ciervos y mamut.

Para un estudio más detallado del encinar, consultar:
http://miguelbueno.blogspot.com.es/…/arboricidio-programado…

Miguel Bueno
Pacanda, agosto 2017.










09 agosto 2017

Glaciar Mer de Glace. Chamonix. Francia. 1993-2017



Hace 24 años llegamos a  Chamonix desde Ginebra. La carretera recorría un amplio valle fluvioglaciar, donde el paisaje lo formaban  los prados de color verde claro de las granjas ganaderas, con el horizonte abierto a los Alpes de Chamonix.
Hoy, de ese paisaje no queda nada, todo el valle es un gran bosque repleto de naves industriales y de servicios, irreconocible a nuestros ojos.
Otro tanto nos ocurrió cuando subimos al Mer de Glace en su tren cremallera. El paisaje de montaña espléndido, pero apenas con unos pocos neveros. El Mar de Hielo, desaparecido. Aquel espectáculo de un mar blanco, no existe.  Muy abajo y al fondo quedan las morrenas que cubren el hielo fósil.
A mediados del XIX (pequeña edad del Hielo) el glaciar llegaba al fondo del valle de Chamonix.
En 1993, con un corto paseo desde la estación del ferrocarril podías  caminar sobre el propio glaciar. (Las dos fotografías con mis hijos, Mariangeles  y Enrique.
Ahora, en lugar de usar el telecabina para bajar al glaciar, dimos un paseo precioso por el bosque, siguiendo las marcas de los antiguos niveles alcanzados por el glaciar durante la pequeña edad del Hielo, en el siglo XIX.
Espectacular también los depósitos morrénicos elevados sobre el nivel glaciar actual y todo el valle del Mer de Glace a lo lejos.
El Epilobium angustifolium, laurel de San Antonio, frente a  la morrena lateral, en la orilla del glaciar.
Coincidimos con un grupo de brasileiros, que desde la Amazonía, se habían desplazado a los Alpes.
En otra toma, una muestra de los cristales de cuarzo ahumado por acción radiactiva del granito sobre los cristales de cuarzo transparentes (cristal de roca). En el pequeño museo de cristales, junto al bar de la estación.